Los mayores obstáculos para una educación
incluyente son los mismos en todas partes:
ü La
falta de visión y liderazgo. En una sociedad democrática, la inclusión es un
principio como también un asunto de derechos humanos. Por ello se requiere una
visión clara del valor de incluir a todos los niños en la escuela de su
comunidad. Se necesita liderazgo por parte del Estado, la comunidad y la
escuela. Sin él, el progreso será difícil.
ü Falta
de apoyo para los profesores. En una escuela incluyente los profesores hacen el
trabajo y son ellos quienes hacen que la inclusión sea una realidad para los
estudiantes. Para facilitar su propósito, deben contar con apoyo y unas
condiciones de trabajo que aseguren el éxito: escuelas bien dotadas,
materiales y suministros de enseñanza adecuados, tamaño de cursos apropiados, y
tiempo –para planificación, colaboración, resolución de problemas– y para
aprender nuevos enfoques pedagógicos que satisfagan las necesidades de sus
estudiantes. Por su parte, los profesores tienen que asumir la responsabilidad
personal por el desarrollo y la utilización de los conocimientos y adquirir las
destrezas para atender las necesidades diversas de sus estudiantes.
ü
Fallas en trabajar con los padres y en lograr
que sean aliados del proceso. Las investigaciones son claras en cuanto a que
los padres tienen que participar en la educación de sus hijos. Esto es aún más
cierto en el caso de los niños con discapacidad y otras necesidades especiales.
Son ellos quienes mejor conocen a sus hijos. Comprometer a los padres, asegurar
una buena comunicación y ponerse de acuerdo con ellos en un propósito común en
cuanto a las prioridades para el aprendizaje de sus hijos, es esencial para el
éxito de la educación incluyente.
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